miércoles, 16 de marzo de 2016

Ayer era fiesta

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Silvia Rins Salazar

Ayer era fiesta. Una fiesta especial de la poesía, de la literatura. Se presentaba en la librería Documenta, el libro de Silvia Rins, Apología de las Sombras.
Silvia presenta rodeada de pesos fuertes de la literatura, porque son, como ella misma lo es, filólogos doctores y profesores que han hecho del estudio del fenómeno literario su sacerdocio.



Este blog esta encabezado por un alias mio Kasivirgen; Kasi para los amigos es una voluntad de inocencia, una voluntad de enfrentarse a todo desde el candor primero. Pero con el libro de Silvia no vale. La autora presenta un texto fluido, con referencias históricas a la poesía y la filosofía innegables. Es como un collage de trocitos de historia, de la historia humana. Me atrevería a más, no se si alguna vez habéis roto un muñeco de papel maché, y en su interior aparecen aun trozos de diario legibles pegados masticados unos sobre otros. Pues bien, de la misma manera que el papel maché es el alma del muñeco, los textos, la poesía de Silvia es eso una amalgama de sentimientos, de pasiones, y de preguntas sobre el yo y la existencia.



Las evocaciones a los clásicos están entretejidas en su obra y hay ecos, remedos hasta textos que pueden parecer sarcasmos. Noche oscura del ano, que evoca la noche oscura de Juan de Yepes, porque si el místico busca a dios en en esa fuente que corre y es de noche... aquí parece el principio de un viaje iniciático pro la mística de los cuerpos. No hay que alarmarse, alguien tenía que hacer una apología de las sombra, contraria a la de los místicos buscadores de luz. A fin de cuentas Luz y Tiniebla solo son formas de hablar algo que nació en la mente de la humanidad babilonia, y que es tan incierto como cualquier virtualidad de la mente. Hay otra evocación Quevedesca -tonto seré mas tonto enamorado-
 

Sabéis que yo creo que la poesía -en verso o no- es equivalente a una terapia psicológica, lo es porque así como las terapias permiten abordar nudos -complejos; que dirían los psicoanalistas- y resolverlos o al menos aprender a convivir con ellos, la poesía también permite abordar emociones -ideas que mueven- y convivir con ellas.

La autora, Silvia, confesaba que en el libro hay escritos que tienen más de quince años y que ha permanecido en un cajón, el de la memoria o el del subconsciente, durante todo ese tiempo.
En realidad en un lento lavado a la piedra hasta que deja de tener aristas y el texto de tela vaquera mas cruda termina por adquirir la dulce suavidad del algodón viejo.



Hay momentos en que el libro evoca sistemáticamente un duelo.
Duelo en psicología son las manifestaciones que aparecen en la conducta, después de una pérdida, de un óbito de un divorcio de un adiós sin hasta luego. Aquí, las pérdidas de inocencia, que no es lo mismo que decir hiciste de mi inocencia una perdida. Se desgranan en refutaciones, algunas con su homólogo con su primo gemelo.
Un razonamiento como primo (como el número) solo divisible por si mismo y el uno y gemelo porque al igual que los matemáticos se está a una distancia de él de tan solo dos unidades es decir el primer primo.

Una construcción de la poesía que recorre la filosofía, la astronomía y hasta la física cuántica. En fin un libro que habla hasta del condón; esos 0,6 mm de silicona, encabezados por una cita de Heráclito -y ya que cito al oscuro- el libro es eso un transito por la sombra mirando a la luz, porque la luz es de otros y la sombra la penumbra nuestra casa.
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